
Aquí tenéis un buen ejemplo de cómo integrar el graffiti con los carteles de señalización.
Divertido, aunque no se esté de acuerdo con lo que está escrito…
[Foto tomada el dia 12 de diciembre de 2006 con un Nokia 6103]

Aquí tenéis un buen ejemplo de cómo integrar el graffiti con los carteles de señalización.
Divertido, aunque no se esté de acuerdo con lo que está escrito…
[Foto tomada el dia 12 de diciembre de 2006 con un Nokia 6103]
Uno de los signos inequívocos de que la Navidad ha llegado es, aparte de los anuncios de ‘Freixenet‘ o ‘El Almendro‘, es que las calles se visten de luces, cual torero antes de una faena.
Últimamente, no obstante, se está resintiendo el buen gusto en lo que a decoración lumínica navideña se refiere en Barcelona.
El pasado 24 de noviembre se produjo la inauguración del alumbrado navideño, con una fiesta central donde asistían las máximas autoridades de Barcelona y, aparte, otras celebraciones en otros barrios con las “sub-autoridades” de cada caso. Vaya porquería de acto.
Os voy a ahorrar los pormenores de la “fiesta” (muy entre comillas), y sólo quiero anunciar mi desagrado (por lo menos parcial) hacia las luces de la Carretera de Sants. Mientras que antaño toda la carretera se veía iluminada en su parte central por composiciones de bombillas (con mejor o peor fortuna distribuidas) que formaban frases o dibujos a lo largo del recorrido de la calle.
Pero los comerciantes se quejaron: ellos (los más interesados en adornar las calles) tenían que pagar la instalación de las luces (la energía que consumen corre a cargo del ayuntamiento), y no todos estaban dispuestos a ello. Entonces sólo pagaban unos cuantos. Y los otros se quejaron: no podia ser que sólo unos pocos pagaran y, sin embargo, todos se beneficiaran de una calle decorada (obviamente, los transeúntes, vecinos y ciudadanos en general nunca fueron considerados ni consultados).
Y aquí viene el problema: la solución que han buscado para este año es no decorar la parte central de la Carretera de Sants, y sólo adornar los árboles de las aceras, trufándolos de bombillas puestas casi al azar. Pero ¡ojo! No todos los árboles… sólo los árboles de aquéllos que han pagado la cuota.
Y así está casi toda la ciudad, pero en Sants es más obvio: creen los comerciantes que haremos boicot contra todas las tiendas que no tengan un árbol iluminado enfrente…
Un consejo: para hacer esa chapuza mejor que cada uno se dedique a mejorar las ofertas de sus comercios y a decorar su propio chiringuito, aunque está claro: en ese caso ellos serán los que paguen el consumo de las horteradas que pongan, y a eso tampoco están dispuestos.
[Foto tomada el dia 24 de noviembre de 2006 con un Nokia 6103]
Para l@s que habéis leído cuanto menos el principio del anterior post:
Finalmente, llegué a la biblioteca. Los que seais habituales de este tipo de centros sabréis lo que sucede más comunmente en estas fechas: parece que regalen algo. Las dos plantas de la biblioteca municipal del Vapor Vell estaban totalmente a rebosar de gente: en los ordenadores, en las mesas, en los sofás de lectura, en cualquier rincón, incluso en el vestíbulo al lado de los ascensores…
Evidentemente, tuve que abandonar en mi intento de pasar allí un rato de estudio, y salí de nuevo a la calle. Al lado de la biblioteca, muy cerquita, hay un bar que frecuentemente sirve a los estudiantes para tomar algo, quedar o comprar tabaco cuando vamos a estudiar. E incluso para estudiar allí cuando la biblioteca estaba llena o queríamos fumar, si no molesta el ruido de la demás gente.
Nada más entrar me encontré a una chica con una carpeta de la UPC y la mesa sembrada de apuntes, enfrascada en algún tipo de cálculo y demostrando un mal gusto excepcional con los rotuladores fluorescentes en sus apuntes.
Tomé asiento, saqué el portátil y pedí algo para beber. Cuál fué mi sorpresa cuando la respuesta del camarero (y propietario) fué la siguiente: “sólo se puede estudiar o estar con el ordenador hasta las 8 (20h)”. “¿Por qué?” le pregunté. “Porque esto es también restaurante”, me soltó como única respuesta.
Y aún no lo entiendo. Unas seis mesas de dos personas ocupan la parte de la entrada del local, y al fondo del mismo tiene dos mesas redondas con capacidad para unas cinco personas y cuantro mesas más para cuatro personas cada una. Las mesas individuales estaban, conmigo, todas ocupadas, en su mayoría por estudiantes o jóvenes que habían quedado allí. La barra (para unas diez personas, y lo digo de memoria) estaba casi llena con hombres de la quinta del dueño (los que hace años que no se pueden mojar la barriga), y al fondo del local sólo había tres personas tomando algo mientras una niña pequeña iba revoloteando por el bar. Es decir, que en la parte del fondo del local (la que estaba más habilitada para cenar) no había prácticamente nada más que sitios libres, y aún así el hombre me increpaba que la presencia de alguien estudiando era molesta.
Pero eso no es todo: lo único que se puede cenar en el local (porque es que no es la primera vez que voy allí) son las tapas y raciones expuestas en la barra, y sobre las que prefiero reservarme la opinión. Es decir, que de cenas las justas. De hecho, en la pared que hay detrás de la barra unos carteles anuncian la categoría del local: “bar”, “café” y “xarcuteria”. Sí, habéis leído bien: charcuteria. En la entrada del bar hay un pequeño mostrador donde se supone que despachan todo tipo de embutidos y productos similares, como los jamones que cuelgan (¿desde cuándo?) de las paredes de ese rincón.
Nunca he visto a nadie comprar allí y es una charcutería. Y no tienen nada para cenar pero es restaurante. Y es el bar más cercano a una concurrida biblioteca y los estudiantes no están bien vistos. Y tener el portátil a partir de las 20h está prohibido, pero el dueño compagina su trabajo con enardecidas partidas al solitario en su ordenador portátil, detrás de la barra.
Pero él es el dueño, y el resto sólo clientes. Y cada vez tengo más claro que el cliente es el último en tener la razón.

Hoy, yendo a la biblioteca del Vapor Vell (en Barcelona, junto a la plaza de Sants), me ha parado un chico joven que llevaba varios folletos en la mano. Detrás de él, una mesa de cámping plagada de hojas, chapas y folletos de distintos tipos, con dos compañeros más.
Me ha ofrecido un pequeño papel, mientras me decía: “nos han puesto una multa por pintar éste mural -y me señala el muro frente al que habian colocado la mesa- y estamos recogiendo firmas para protestar”. Directamente, me he dirigido a la hoja habilitada, he puesto mis datos y he firmado. Por supuesto.
Tengo varios amig@s que pintan habitualmente por Barcelona y en otras ciudades, no siempre en muros “legales” habilitados para tal fin. E independientemente de que sean mis amigos, las convicciones personales al respecto de los graffiti habrían hecho que firmara casi sin mirar. Aunque tengo algunas objeciones -no siempre bien vistas entre los grafiteros-: pintar sí, pero no ensuciar; expresar arte sí, pero sin molestar a otros.
Me explico: no es lo mismo pintar una persiana con frases ofensivas hacia alguien, o hacer una gracia, o una putada, o expresar tu amor incondicional hacia un sujeto cuyo diminutivo te has encargado de repetir constantemente por la calle. No, por favor. El amor se expresa en cartitas personales, y los insultos lo mismo. Total, para no firmar el agravio, se envía un anónimo y el aludido seguro que lo lee. Ah, y una cosa más: no a los alardes de ego. Nota para los macarras de mi barrio: ya sé que sabéis escribir vuestros nombres con un spray; no hace falta que hagáis muestra de ello de forma tan repetida.
Tampoco estoy de acuerdo con la sobrecarga de cualquier pared o puerta, ya sea de viviendas, comercios u organismos públicos. Que los dibujos se vean, que se lean bien si hace falta. Para eso está el espacio entre cuadros en los museos: para poder apreciar las obras. Y hay sitios en los que molesta un graffitti, en serio…
Resumiendo, que me pierdo: estoy a favor de los graffitti, pero en contra de algunos desaprensivos que tienen más peligro con un spray en la mano que McGyver en un desguace.
Y ahora, a lo que iba: el papel que me han ofrecido los chicos que protestaban contra la multa lo quería compartir con quién me lea. Es un papel algo desfasado (por lo de una manifestación que anuncian en el último párrafo), pero sirve perfectamente. Matizaria alguna de las cosas que dice, pero en algo estoy de acuerdo: no molesta a nadie, a mi y a much@s nos gusta y, si les hubieran autorizado, todos contentos.
Os lo transcribo literalmente, en catalán, y lo traduzco para l@s que no lo entendáis.
Criminals o artistes?
L’art al carrer és un delicte? El gran nadó del mural de Plaça de Sants, que fins i tot ha sortit per televisió, plora. No plora perquè l’hagin tapat per convertir-lo en un nou graffiti: plora perquè el passat dissabte 25 de novembre, mentre s’estava preparant la paret per fer el nou mural que es va realitzar l’endemà, va venir una patrulla dels Mossos d’Esquadra que va identificar les sis persones que estàvem pintant i ens va interposar una denúncia administrativa que comporta una multa de 1.175 euros per persona.
La normativa de civisme prohibeix qualsevol tipus d’expressió artística al carrer, fet que ens situa fora de la llei per voler expressar amb el graffiti el nostre art fora dels museus, popularitzant-lo i fent que deixi de ser una mercaderia i passi a ser un bé públic del qual tothom en pot gaudir.
Ja n’hi ha prou de tanta hipocresia! Com pot ser que hi hagi una normativa que persegueixi aquestes expressions artístiques que es desmarquen del control institucional quan, paral·lelament, els mitjans de comunicació, o fins i tot la mateixa administració pública, fomenten una cultura urbana, moderna i cosmopolita de la qual el graffiti n’és icona?
Les multes de les sis persones identificades sumen un total de 7.050 euros. Una suma desproporcionada ja que, evidentment, com a joves estudiants amb treballs precaris, cap de nosaltres arriba ni tan sols als mil euros de salari. A més, la patrulla dels mossos va marxar amenaçant-nos que si ens tornaven a veure pintant ens interposarien una denúncia penal per danys, fet que incrementaria la multa i comportaria que tinguéssim antecedents.
Però tot i la seva repressió no callem. Per dignitat pròpia i col·lectiva l’endemà, diumenge 26, tornavem a ser a plaça de Sants per realitzar aquest mural en solidaritat amb el Centre Social Autogestionat Can Vies, que va sortir al carrer, desobeïnt la normativa de civisme, organitzant una jornada per difondre la campanya contra la demanda que TMB ha interposat per desallotjar-lo.
El seu civisme ens ofega!
Aturem la demanda. Can Vies és del barri
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¿Criminales o artistas?
¿El arte de la calle es un delito? El gran bebé del mural de Plaça de Sants, que hasta ha salido por televisión, llora. No llora porque lo hayan tapado para convertirlo en un nuevo graffiti: llora porque el pasado sabado 25 de noviembre, mientras se estaba preparantdo la pared para hacer el nuevo mural que se hizo al dia siguiente, vino una patrulla de los Mossos d’Esquadra que identificó a las seis persona que estábamos pintando y nos interpuso una denúncia administrativa que comporta una multa de 1.175 euros por persona.
La normativa de civismo prohibe cualquier tipo de expresión artísitica en la calle, hecho que nos situa fuera de la ley por querer expresar con el graffiti nuestro arte fuera de los museos, popularizándolo y haciendo que deje de ser una mercancia y pase a ser un bien público del que todo el mundo pueda disfrutar.
¡Ya está bien de tanta hipocresia! ¿Cómo puede ser que haya una normativa que persiga estas expresiones artísticas que se desmarcan del control institucional cuando, paralelamente, los medios de comunicación, o incluso la misma administración pública, fomentan una cultura urbana, moderna y cosmopolita de la cual el graffiti es un icono?
Las multas de las seis personas identificadas suman un total de 7.050 euros. Una suma desproporcionada ya que, evidentemente, como jóvenes estudiantes con trabajos precarios, ninguno de nosotros llega ni siquiera a los mil euros de sueldo. Además, la patrulla de los Mossos se fué amenazándonos que si nos volvian a ver pintando los pondrian una denúncia penal por daños, hecho que incrementaria la multa y comportaria que tuviésemos antecedentes.
Pero pese a su represión no nos callamos. Por dignidad propia y colectiva al dia siguiente, domingo 26, volvíamos a estar en la Plaça de Sants para hacer este mural en solidaridad con el Centre Social Autigestionat Can Vies (centro social autogestionado Can Vies), que salió a la calle, desobedeciendo la normativa de civismo, organizando una jornada para difundir la campaña contra la demanda que TMB ha interpuesto para desalojarlos.
¡Su civismo nos ahoga!
Paremos la demanda. Can Vies es del barrio
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[Foto principal sacada de Flikr. Usuario idiomic, licencia Creative Commons
La otra miniatura es una fotografia publicada en el Diari El Punt, tomada por Oriol Duran]
Os explico la situación: el pasado dia 29 de noviembre estaba dando un paseo por Barcelona con unos colegas que habían venido de Madrid a pasar un par de días y hacer un acto social (tema aparte), y pasamos por el Antic Hospital de la Santa Creu (c/ Hospital, 56).
Actualmente en su interior se alberga una escuela de Bellas Artes, la Real Academia de Medicina, la Biblioteca de Catalunya y una sala de exposiciones… pero lo que más nos llamó la atención es su patio. En él, había grupitos de jóvenes supongo que esperando a la hora de su clase o algo, un equipo de Barcelona Neta… y esta imagen: una fuente (bastante cutre, por cierto) y un maravilloso cartel que nos anuncia que está prohibido nadar en la fuente…
¡Pues menos mal! Porque de punta a punta de la fuente (dos metros máximo) habíamos pensado en hacernos unos largos…